30 Mayo, 2007

Una cierta creatividad empresarial

General Luís

A lo largo de mi vida habrá viajado a Estados Unidos más de cien veces. Y cada vez que lo hago aprendo algo, de su manera de hacer negocios, de su vitalidad empresaria, de su forma de ver las cosas.

Una de las que más me ha impactado es su determinación para vender algo cuando se lo proponen. He conocido a un importante promotor inmobiliario que acababa de vender en pocas semanas un rascacielos de apartamentos en Nueva York. Me confesó que había cometido un error: pensaba vender los apartamentos a un precio que le permitiría un beneficio excelente. Pero la euforia inmobiliaria se ralentizó. Y ese promotor hubiera podido optar por esperar un plazo de un año o algo más para vender esos apartamentos, o hacer lo que ha hecho: bajar los precios hasta que se los han quitado de las manos en pocas semanas. Le pregunté si le había sido rentable la operación. Me dijo que esa no, pero que con ese dinero estaba comprando un terreno magnífico a un precio baratísimo, y que el negocio lo haría la próxima vez, y mucho más importante.

Confieso que la historia me ha seducido. En España, conozco docenas de promotores que hubieran aguantado el tiempo necesario hasta obtener el beneficio esperado de esa promoción. Perdiendo tal vez mejores oportunidades.

El empresario americano no para. Si su objetivo es vender algo en un determinado plazo, lo vende, al precio máximo que el mercado le acepta en ese momento. Así la rueda de la economía sigue girando. El beneficio será mayor o menor, en función de su acierto empresarial, pero el negocio continúa.

Esto se observa también en el mercado detallista, mucho menos regulado que el nuestro. Podemos ver tiendas de ropa que en plena temporada hacen un día de rebajas, o reducen, por ejemplo, un 25% los abrigos si el clima, o lo que sea, no les ha permitido venderlos al ritmo esperado. Todo eso es mejor que tenerlos que saldar con un 50% de descuento en las rebajas.

En Estados Unidos las leyes comerciales que cuentan son las del mercado, más que las de un gobierno proteccionista, que pretendiendo proteger, limita la iniciativa empresarial, no sólo de los grandes, sino también de los pequeños comerciantes.

En definitiva, vuelvo de este viaje con otra lección aprendida. La creatividad empresarial es la que hace girar la rueda de la economía, y cada limitación a la creatividad, lo único que consigue es poner un palo en esa rueda.

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