Artículos del mes Noviembre, 2007

27 Noviembre, 2007

52 días para evitar la crisis

General Luís

De la misma forma que Alemania superó la crisis por su derrota en la Segunda Guerra Mundial trabajando más, construyendo autopistas, creando puestos de trabajo y haciendo girar así la rueda de la economía, creo que todo país, y el nuestro también, debe aprovechar las oportunidades a su alcance para combatir su crisis económica y favorecer el progreso de sus ciudadanos.

Ahora que los indicadores nos alertan de un menor crecimiento de futuro, es el momento de dar un paso adelante e igualarnos a los países más desarrollados.

En la mayor parte de las ciudades del mundo que conozco, y conozco muchas, las tiendas no cierran ningún día de la semana. Los domingos mantienen una actividad diferente, con clientes diferentes, los que no pueden o no les va bien comprar durante la semana, que cada vez son más. Y no sólo los hombres, sino también las mujeres, que desde que se han incorporado al mercado laboral, se les hace más difícil compaginar su trabajo con la compra diaria, la semanal, o la esporádica.

Los domingos las tiendas se llenan de familias enteras que combinan su ocio con su necesidad de comprar y las zonas comerciales no se quedan muertas como en nuestras ciudades, donde no se permite abrir en domingo.

Las ventajas de no cerrar son, en primer lugar, para los consumidores, que pueden decidir comprar el día que más les convenga. También tiene ventajas para el comerciante, que puede amortizar el precio de la tienda, o su alquiler, en 52 días más. Está demostrado, además, que el incremento promedio de ventas alcanza el 15% y lo supera en todos los casos donde el turismo cuenta. Y sobre todo es importante para la economía del país y para la creación de puestos de trabajo.

La contratación de personal extra, que en las grandes tiendas no representa ningún problema, puede serlo para los negocios familiares, aunque siempre habrá un primo más o menos lejano, o un estudiante, que quiera ganarse un dinero con ese esfuerzo. Y si no hay nadie, pues esa tienda no se abre y no pasa nada. No hablo de obligar a abrir en domingo, sino de permitirlo. En Nueva York, donde casi todo está abierto, pueden verse pequeñas tiendas que libremente cierran cuando les conviene.

Siempre se ha dicho que la capacidad emprendedora hay que demostrarla. Pues bien, ahora podemos hacerlo, liberalizando los horarios del comercio. De hecho ya hay muchas tiendas que abren casi todos los días y a casi todas las horas: las regentadas por inmigrantes que lo hacen así en sus países de origen, demostrando un espíritu emprendedor envidiable.

Creo que el Gobierno debería planteárselo. Esta medida ayudaría sin ningún género de dudas. Como lo ha hecho en todos los lugares donde la han tomado.

Durante muchos años nuestra legislación ha sido proteccionista con el pequeño comerciante, impidiendo al grande abrir en festivos. Si no puede abrir el pequeño, que tampoco abra el grande. Pero hay una solución mejor: ayudar al pequeño en todo lo necesario para que también pueda abrir. Y al poco tiempo de hacerlo ya no necesitará esa ayuda porque habrá comprobado la efectividad de la medida.

Hagámoslo. Esos 52 días pueden evitar la crisis. Dejemos que las personas descansen pero no las tiendas. Mucha gente lo agradecerá. Y la economía también, especialmente la de los que buscan un puesto de trabajo, que con esta medida les será mucho más fácil encontrarlo.

Otro día hablaremos de que nuestro país, prácticamente, cierra en agosto por vacaciones.

20 Noviembre, 2007

Cuántas veces hay que decirlo para que nos hagan caso

General Luís

En el mundo de la comunicación llevamos debatiendo eso desde hace un montón de años. Se ha investigado hasta la saciedad, se han creado empresas especializadas en la planificación y compra de medios y cada respuesta difiere de la anterior, con lo que los empresarios, que son los que se gastan el dinero, llegan a acuñar frases tan peregrinas como la que dijo aquel presidente de una famosa corporación americana: sé que tiramos la mitad de lo que gastamos en comunicación, pero no sé qué mitad.

Y la solución no puede ser más sencilla, ni de más sentido común. Veamos un ejemplo. Imaginemos que esta tarde nos encontramos con un amigo que nos dice: “¿has visto la última película de Woody Allen?†– Le decimos que no. Mañana, volvemos a encontrarnos con ese mismo amigo que nos vuelve a decir: “¿has visto la última película de Woody Allen?†– Y le volvemos a contestar que no. Pasado mañana nos vuelve a preguntar lo mismo, con lo que nuestra respuesta ya no es solamente no. Le contestamos: “¡no, todavía no, y déjame en paz con tu maldita película de Woody Allen!â€

Ahora imaginemos una situación diferente, que podría empezar exactamente igual que la anterior: “¿has visto la última película de Woody Allen?â€, pero que seguiría de una forma distinta. Al día siguiente, en vez de volver a ver a ese amigo, un compañero de trabajo nos dice: “Anoche vi la película de Woody Allen y es estupendaâ€. Ese mensaje ya nos cala de forma diferente, y si al llegar a casa, nuestra mujer nos comenta: “me han hablado maravillosamente bien de la última película de Woody Allenâ€, es probable que esa misma noche vayamos a verla.

¿Por qué esa diferencia? En los dos casos hemos recibido tres impactos, pero los tres primeros venían del mismo sitio y los tres segundos, de personas diferentes.

Y esto es exactamente lo que sucede demasiadas veces en publicidad. Los estudios dicen cuál es el medio más efectivo e invertimos todo nuestro dinero en ese medio, que tal vez sí es el más efectivo para un primer mensaje, pero de ninguna manera para los otros dos.

Muchos anunciantes pensarán ahora que tal vez tengo razón, pero que no tienen suficiente presupuesto para ir a varios medios. Entonces es cuando alguien debería hacerles ver que anunciarse en tres medios puede ser más barato que hacerlo sólo en uno y, como hemos visto en el ejemplo, con una efectividad mucho mayor.

Pero es que hay más. Si nuestro amigo, nuestro compañero de trabajo y nuestra mujer, son como diferentes medios de comunicación, imaginemos cómo se multiplica la eficacia del mensaje si además leemos a nuestro crítico de cine favorito un comentario buenísimo sobre la película. Y si además alguien nos dice que hoy es el día del espectador y que las entradas valen la mitad del precio, entonces la eficacia ya es total y eso es tan sencillo como añadir otras disciplinas, las relaciones públicas y la promoción, a los tres mensajes publicitarios distintos.

Por lo tanto, tengan mucho dinero o poco para invertir en comunicación, háganlo de manera que sea eficaz todo lo que invierten y no sólo una parte. Traten de llegar al consumidor desde todos los puntos posibles, desde medios diferentes y desde disciplinas de comunicación distintas. A eso, nosotros lo llamamos comunicación 360º y tenemos cientos de ejemplos que demuestran que puede ser eficaz todo lo que se invierte en publicidad y no solamente la mitad, como decía aquel presidente de aquella famosa corporación americana.

Pruébenlo. Recomienden tres veces la última película de Woody Allen a un amigo, o hagan que tres personas diferentes se la recomienden. Y comprueben la diferencia.

Por cierto, la última película de Woody Allen, la que rodó en Barcelona, aún no se ha estrenado, pero yo ya me muero de ganas de verla.

Luis Bassat