Guino en Nueva York
Conocí a Guino, Josep Guinovart, hace 35 años. Me sorprendió y me admiró enseguida como persona y como artista. Indiscutible defensor de las libertades democráticas no lo pasó bien durante todos aquellos años de dictadura. Pero él era un hombre que se crecía con las dificultades. Así son sus obras de entonces, llenas de fuerza, de vigor, de vitalidad. Guino mismo fue una fuerza de la naturaleza y se expresó a sí mismo en su obra, en sus cuadros, en sus instalaciones.
Recuerdo de aquella época una conversación con él en la que le manifesté mi sorpresa por la ausencia de su obra en alguna galería importante americana y me propuse ayudarle. Aprovechando uno de mis frecuentes viajes a Nueva York visité la galería de Martha Jackson, donde habitualmente exponía Tápies, y le mostré al hijo de la famosa galerista neoyorquina, que ya entonces dirigía la galería, un dossier con fotos de obras de Guino. Le gustaron y se interesó por él, pero me dijo que no exponía a ningún artista que no estuviera en algún museo importante americano. Ni corto ni perezoso, a los pocos días conseguí una cita con el director del Guggenheim, a quien le propuse conocer la obra de Guino y si le parecía interesante, yo me encargaría de que alguna fundación comprara algo suyo y lo donara al museo. Pocos días después llegó a Barcelona Margit Rowell, conservadora del Guggenheim, a quien acompañé a visitar a Guino. Quedó tan prendada de su obra que informó inmediatamente a su director y pocos días después donábamos al museo un gran óleo y dos magníficos papeles.
En mi siguiente viaje a Nueva York, convencí a Guino de que me acompañara para visitar con él la galería Martha Jackson. Se llevó bajo el brazo un pequeño cuadro suyo, precioso, “un pinyol” – decía él. Cuando se lo enseñamos al galerista me dijo que le propusiera a Guino un cambio por una obra del mismo tamaño de Tápies. Se lo traduje y Guino, que al principio no podía creerlo, aceptó, y salimos de la galería con un pequeño y magnífico Tápies y el acuerdo para una próxima exposición ahí.
No he dejado de verme con Guino desde entonces y de disfrutar de su obra, de su amistad y de su conversación. Ahora estaba tremendamente ilusionado con el museo de arte contemporáneo que estoy proyectando hacer, seguramente en Mataró, y donde Guino ocupará el lugar de honor que le corresponde.
Hace poco, mi hija Ana, que ha heredado de mí mi afecto y mi admiración por él, le encargó un grabado como regalo de Navidad del estudio de arquitectura B-720 que comparte con su marido y con otra socia. Una vez realizados todos los ejemplares y aprobados por él, Guino sufrió el infarto. Nada más recuperarse, pidió que se los llevaran al hospital para firmarlos. Anoche lo hizo y se durmió. Así era Guino. Este Guino que ha vivido trabajando hasta el último instante. Ochenta años de vida dura, intensa, prolífica. Una vida que vemos reflejada, paso a paso, en su extraordinaria obra, que ésta sí, será inmortal.
Mónica says:
Gracias por contar esta historia tan personal y entrañable. Para mí ha sido enriquecedora y he aprendido 2 cosas.
1º- Extraigo de todo ello que en la vida es necesario estar en el lugar preciso, en el momento justo y con la persona indicada para tener éxito.
Aunque ya se hubiera demostrado con una amplia trayectoria de trabajo, si no tienes alguien que te abra esa puerta no te conocen.
2º- Hoy en día donde las modas son efímeras y lo que se valora es supérfluo, es digna de elogio la amistad tan duradera y sincera que tenían después de media vida.
Las personas con éxito, fama, liderazgo, genialidad, … con algo “especial” necesitan estar con otras personas igualmente “especiales”, llanas, auténticas y humildes, llenas de energía, … quizás para mantenerse con “los pies en la tierra”, ser fiel a sí mismo y no dejarse influir por “amistades de conveniencia” o falsos aduladores.
La amistad verdadera es la que cuando falta sabemos que nos ha regaldo recuerdos imborrables y lecciones magistrales sobre la vida.
9 Noviembre, 2009 at 7:13 pm
RiCoNe says:
Usted es a la publicidad lo que Steve Jobs es a Apple.
21 Diciembre, 2009 at 2:54 pm
Lola says:
Me llega la admiración y la humildad de esta entrañable historia. !Que gran regalo haber tenido estos magnificos amigos! y gran regalo tambien para ellos compartir su tiempo con usted. No puede llegarle nada negativo a quien es tan positivo. Saludos
15 Enero, 2010 at 12:00 am